Juancho y la ia
El café que me inspiró
Juancho es un tipo corriente, aficionado al baloncesto, ve en torno a doscientos veinte partidos de baloncesto al año y conoce hasta los nombres de los entrenadores de la tercera regional. Ignoro si existe esa división en el baloncesto, pero desde luego de existir no dudo que Juancho sepa hasta los apellidos de los utilleros.
Trabaja en un complejo lleno de oficinas donde aparcar se vuelve imposible una vez ha amanecido. No sorprende ver por la calle gente dormida en sus coches o tomando café mientras escucha la crónica del partido del día anterior.
El otro día viajé al centro a recoger una camiseta que por motivos circunstanciales acabó en la maleta de un amigo. Por lo que me dijo que me pasara por su oficina, donde, casualidades de la vida, me presentaron a Juancho.
Buen apretón de manos, firme y confiado.
Me invitaron a un café. Uno de esos de la máquina, vaso de plástico y montaña de azúcar al fondo.
—¿Entonces te dedicas a la fotografía? —preguntaba Juancho mientras miraba más allá de la cristalera polvorienta, casi traslúcida más que transparente.
—Estoy en el mundo del diseño —respondí intentando interpretar sus gestos.
—Menuda movida tienes con la IA —me dijo con semblante serio, borrando por un segundo su bondadosa expresión.
Al poco se puso a hablarme de cómo ahora él generaba cientos de imágenes para sus amigos, familia y allegados. De que engañaba a todo el mundo con productos de supermercado que no existen como Lentejas de pescado o batidos de marisco. Me enseñó innumerables imágenes y reía constantemente de su capacidad imaginativa.
Al despedirnos soltó un chiste y me dijo que me mandaría algunas más para que me riera.
Salí del edificio con los ojos entornados, cegado por la luz que no recordaba haber dejado al entrar. El viento fresco templó mi ánimo y sacudió mis dudas.
A veces me asaltan las dudas sobre la inteligencia artificial. ¿Es enemiga, o por el contrario es una máquina sobre la que exponenciar el talento?
No mentiré. Mientras me enseñaba algunas de las imágenes no paraba de pensar en lo difícil que era hacer todas esas cosas con photoshop, herramienta a la que le he dedicado media vida y que ahora queda como un lejano recuerdo. Sentí envidia y frustración. Pero durante un instante, mientras notaba el viento y bajaba las ventanillas del coche supe que el mundo sigue girando y por lo menos tengo un día más para aprender a hacerlo un poco mejor.



