Rita en Móstoles
Rita está más cerca de los cuarenta que de los treinta. Desde hace unos años viene repitiendo a todas horas que se le pasa el arroz y que mira qué desastre tan majo está dejando pasar el mundo.
Lo cierto es que Rita es una persona que no aparenta su edad. Baila, monta a caballo, sale de fiesta y apenas se maquilla. Es así desde que la conocí.
Es una de esas personas que no da el coñazo. Cosa que siempre es de agradecer en una amiga, aunque nunca sabes si está bien o está mal. Da igual que preguntes, su respuesta es otra pregunta con sonrisa de regalo.
Ha comenzado a salir con un tipo de su barrio. Uno de esos que lleva el Móstoles en el apellido y que reniega de Casillas porque “se volvió un galáctico”.
Lo cierto es que Rita está contenta. Vino a casa con una botella de tinto de verano y no paró de hablar de él. Que si es alto, guapo, listo…
Pero lo que más gracia me hizo fue la mención al barrio. Un barrio que está descubriendo, calle a calle, rincón a rincón.
Me hizo más gracia si cabe cuando me comparó Móstoles con Hogwarts. Por lo visto uno vive en un sitio sin saber dónde vive, todos sus recovecos.
—¿Te acuerdas de la Sala de los Menesteres? —me preguntaba con los ojos llenos de emoción.
—Claro, aquella que aparecía solo por necesidad cuando pasabas tres veces por delante —respondí.
¿Quién no se acordaría de aquella sala?
—Pues Marcos me está enseñando lugares de Móstoles que no salen ni en los mapas.
Los inicios en las relaciones son eso. La magia volviendo a uno. Descubrir los mundos que se esconden a nuestros ojos y que con la compañía perfecta, aparecen dibujados ante nosotros para hacernos partícipes.



